En principio hay tres tipos de víctimas del terrorismo:
aquellas personas expuestas por razón de su profesión de servicio al Estado,
por ejemplo, los miembros de las Fuerzas de Seguridad; aquellas personas que
asumieron libremente el riesgo de morir "por defender su propia coherencia
ética, esto es, su derecho a vivir como han elegido hasta el final" y
"han integrado el morir como acto final de su propia trayectoria
impidiendo que la muerte que les han causado sea una derrota", y aquellas
personas que nunca habían pensado que les podría ocurrir una cosa así, y que
tuvieron la desgracia de estar en el tren, en una esquina o en un supermercado
en el momento en que los verdugos hicieron explotar las bombas.
Entre
el millar de víctimas de ETA hay gentes de los tres tipos descritos. La
convivencia cotidiana con el terror durante casi cuarenta años hace que sean
muchos los que se sabían y se saben expuestos y han decidido no claudicar. Las
víctimas del 11-M respondían todas al último grupo, ciudadanos anónimos que
cayeron simplemente por hacer el camino de todos los días, quienes ven su vida
robada por el verdugo sin siquiera saber por qué. Todas las víctimas
merecen el respeto y reconocimiento por parte de la sociedad. La maldad de la
acción terrorista es la misma en todos los casos. La condición de personajes
públicos de algunas de ellas, comprometidas en la defensa de las libertades,
hace que la memoria de las víctimas sea desigual. Unas tienen instituciones,
partidos, organizaciones, medios de comunicación que les recuerdan; otras
necesitan la atención del Estado, tanto para salvar la memoria y el
reconocimiento como para conseguir la asistencia necesaria.
Las
asociaciones de víctimas del terrorismo agrupan a los supervivientes y a los
familiares de las víctimas. Del mismo modo que la condición de víctima no es
ninguna elección, las víctimas tienen todo el derecho a no ser utilizadas
políticamente si ellas no quieren. Estos días ha vuelto el fantasma de la
manipulación de las víctimas. Las víctimas del terrorismo no han podido escapar
a esta lógica.
Reconocer
las víctimas es también dejar que se organicen libremente y sin tutelas. Porque
tan criticable es su manipulación política por el Partido Popular como que el
comisionado del gobierno les exija que "se alejen de fines
partidistas". ¿Va a ser ésta una condición para atender sus demandas? En
una sociedad plural, lo lógico es que las víctimas se organicen también
pluralmente. Es la única vía de transparencia. Que las víctimas se expresen
como crean conveniente y que los Gobiernos sepan escuchar y atender.