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Texte 13

Sobre las víctimas

 

 

            En principio hay tres tipos de víctimas del terrorismo: aquellas personas expuestas por razón de su profesión de servicio al Estado, por ejemplo, los miembros de las Fuerzas de Seguridad; aquellas personas que asumieron libremente el riesgo de morir "por defender su propia coherencia ética, esto es, su derecho a vivir como han elegido hasta el final" y "han integrado el morir como acto final de su propia trayectoria impidiendo que la muerte que les han causado sea una derrota", y aquellas personas que nunca habían pensado que les podría ocurrir una cosa así, y que tuvieron la desgracia de estar en el tren, en una esquina o en un supermercado en el momento en que los verdugos hicieron explotar las bombas.

            Entre el millar de víctimas de ETA hay gentes de los tres tipos descritos. La convivencia cotidiana con el terror durante casi cuarenta años hace que sean muchos los que se sabían y se saben expuestos y han decidido no claudicar. Las víctimas del 11-M respondían todas al último grupo, ciudadanos anónimos que cayeron simplemente por hacer el camino de todos los días, quienes ven su vida robada por el verdugo sin siquiera saber por qué.      Todas las víctimas merecen el respeto y reconocimiento por parte de la sociedad. La maldad de la acción terrorista es la misma en todos los casos. La condición de personajes públicos de algunas de ellas, comprometidas en la defensa de las libertades, hace que la memoria de las víctimas sea desigual. Unas tienen instituciones, partidos, organizaciones, medios de comunicación que les recuerdan; otras necesitan la atención del Estado, tanto para salvar la memoria y el reconocimiento como para conseguir la asistencia necesaria.

            Las asociaciones de víctimas del terrorismo agrupan a los supervivientes y a los familiares de las víctimas. Del mismo modo que la condición de víctima no es ninguna elección, las víctimas tienen todo el derecho a no ser utilizadas políticamente si ellas no quieren. Estos días ha vuelto el fantasma de la manipulación de las víctimas. Las víctimas del terrorismo no han podido escapar a esta lógica.

            Reconocer las víctimas es también dejar que se organicen libremente y sin tutelas. Porque tan criticable es su manipulación política por el Partido Popular como que el comisionado del gobierno les exija que "se alejen de fines partidistas". ¿Va a ser ésta una condición para atender sus demandas? En una sociedad plural, lo lógico es que las víctimas se organicen también pluralmente. Es la única vía de transparencia. Que las víctimas se expresen como crean conveniente y que los Gobiernos sepan escuchar y atender.

 

Josep Ramoneda en El País,  30/01/05.

 

 
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