Artículo – ¿Hay que despenalizar las drogas para luchar más eficazmente contra el narcotráfico?
Los desafíos de la cultura 'narco'
El País, TOMÁS ELOY MARTÍNEZ 02/02/2010
[…] la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de
la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha
infiltrado en todos los aspectos de la vida. Expandida como un virus, la
cultura narco pone y derriba Gobiernos, compra y vende conciencias, se
toma la vida de las familias y ahora la vida de las naciones. La cultura narco
es la cultura del nuevo milenio. Todos los días las noticias arrojan cadáveres
que se ordenan entre "decapitados" y "severamente
mutilados". Los sicarios ya no tienen una patria, sino que las invaden
todas: el cartel de Sinaloa tiene laboratorios en la provincia de Buenos Aires,
las bandas que actúan en las sombras imponen guerras en las favelas de Río de
Janeiro o en las villas de San Martín, en España, o Boulogne, de Francia.
La traición, si se sospecha, se castiga con acciones mafiosas; si se
prueba, con crímenes que traen más muertes, en una escalada de venganzas infinitas.
[…] Cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor.Es lo que
le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente
Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias,
pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la
solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz,
es decir, desde la despenalización del consumo.
Las inteligencias más lúcidas del continente insisten en que es imperioso llegar
a un acuerdo de cooperación entre traficantes y consumidores. Cuando se rompan
esos pactos siniestros de silencio y dinero, y los expendios de droga salgan a
la luz del día, como el alcohol después de la Ley Seca, quizás hasta los
propios traficantes descubran las ventajas de trabajar dentro de la ley.
La despenalización avanza. España, que trata la drogadicción como un
problema de salud, fue el primer país europeo en despenalizar el consumo de
marihuana. La posesión para uso personal no es delito, aunque el consumo
público está castigado con multas administrativas y su legislación contra el
tráfico está entre las más severas de Europa.Hace pocas semanas, y a contracorriente de una costumbre avalada por el
ex presidente George W. Bush, la Administración de Barack Obama estableció que
los fiscales federales no gastaran sus recursos en arrestar a personas que usan
o suministran marihuana con fines medicinales.Quizás el caso más conocido sea el de Holanda, donde en rigor es delito
el consumo de cualquier sustancia prohibida. Sólo hay cierta consideración para
el acceso a la marihuana en los llamados coffee shops, lugares
reservados para la compra y consumo de menos de cinco gramos diarios.En Argentina un fallo de la Corte Suprema de
Justicia estableció que el consumo personal de marihuana no es un delito y
también ha concentrado en un solo juzgado federal todo lo relacionado con el paco,
un veneno barato que arrasa los círculos más pobres de la población.
¿Es la despenalización la cura de todos los males? El lenguaje de las armas
demostró su fracaso y la historia ya escribió su ejemplo más contundente cuando
en los Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol durante los 13 años que
duró la Ley Seca.
La prohibición que comenzó el 17 de enero de 1920, lejos de hacer
desaparecer el vicio, provocó la creación de un mercado negro del que surgieron
todos los Al Capone, los Baby Face Nelson, los falsos héroes como Bonnie &
Clyde y una legión de padrinos que sembraron el terror a sangre y fuego. Como
era casi previsible, muy pronto la corrupción se apoderó de las conciencias
policiales.
De los agentes encargados de velar por la prohibición, un 35% terminaron
con sumarios abiertos por contrabando o complicidad con la mafia y, como era
previsible, muy pronto aparecieron las estadísticas nefastas: 30.000 muertos y
100.000 personas resultaron víctimas de ceguera, parálisis y otras
complicaciones por envenenamientos con el alcohol metílico y otros
adulterantes, a los que recurrían los bebedores desesperados. En 1933, cuando
Franklin D. Roosevelt derogó la Ley Seca, el crimen violento descendió dos
tercios. En Estados Unidos no se acabaron los borrachos, pero desaparecieron
los Al Capone.
El arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico es arruinarles el
negocio. Y la única vía posible para hundirlos es legalizando el consumo. No se
trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas
efectivas de salud pública.
[…] la guerra contra las drogas y el narcotráfico impregna buena parte de
la literatura, sobre todo en Colombia y México, donde la cultura narco se ha
infiltrado en todos los aspectos de la vida. Expandida como un virus, la
cultura narco pone y derriba Gobiernos, compra y vende conciencias, se
toma la vida de las familias y ahora la vida de las naciones. La cultura narco
es la cultura del nuevo milenio. Todos los días las noticias arrojan cadáveres
que se ordenan entre "decapitados" y "severamente
mutilados". Los sicarios ya no tienen una patria, sino que las invaden
todas: el cartel de Sinaloa tiene laboratorios en la provincia de Buenos Aires,
las bandas que actúan en las sombras imponen guerras en las favelas de Río de
Janeiro o en las villas de San Martín, en España, o Boulogne, de Francia.
La traición, si se sospecha, se castiga con acciones mafiosas; si se
prueba, con crímenes que traen más muertes, en una escalada de venganzas infinitas.
[…] Cada golpe al narcotráfico es devuelto con otro golpe aún mayor.Es lo que
le ha ocurrido al presidente Álvaro Uribe en Colombia y ahora al presidente
Felipe Calderón en México. Mientras tanto se destruyen personas, familias,
pueblos, culturas. Cada día se hace más evidente que la guerra no es la
solución al problema y que la única vía posible es enfrentarlo desde la raíz,
es decir, desde la despenalización del consumo.
Las inteligencias más lúcidas del continente insisten en que es imperioso llegar
a un acuerdo de cooperación entre traficantes y consumidores. Cuando se rompan
esos pactos siniestros de silencio y dinero, y los expendios de droga salgan a
la luz del día, como el alcohol después de la Ley Seca, quizás hasta los
propios traficantes descubran las ventajas de trabajar dentro de la ley.
La despenalización avanza. España, que trata la drogadicción como un
problema de salud, fue el primer país europeo en despenalizar el consumo de
marihuana. La posesión para uso personal no es delito, aunque el consumo
público está castigado con multas administrativas y su legislación contra el
tráfico está entre las más severas de Europa.Hace pocas semanas, y a contracorriente de una costumbre avalada por el
ex presidente George W. Bush, la Administración de Barack Obama estableció que
los fiscales federales no gastaran sus recursos en arrestar a personas que usan
o suministran marihuana con fines medicinales.Quizás el caso más conocido sea el de Holanda, donde en rigor es delito
el consumo de cualquier sustancia prohibida. Sólo hay cierta consideración para
el acceso a la marihuana en los llamados coffee shops, lugares
reservados para la compra y consumo de menos de cinco gramos diarios.En Argentina un fallo de la Corte Suprema de
Justicia estableció que el consumo personal de marihuana no es un delito y
también ha concentrado en un solo juzgado federal todo lo relacionado con el paco,
un veneno barato que arrasa los círculos más pobres de la población.
¿Es la despenalización la cura de todos los males? El lenguaje de las armas
demostró su fracaso y la historia ya escribió su ejemplo más contundente cuando
en los Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol durante los 13 años que
duró la Ley Seca.
La prohibición que comenzó el 17 de enero de 1920, lejos de hacer
desaparecer el vicio, provocó la creación de un mercado negro del que surgieron
todos los Al Capone, los Baby Face Nelson, los falsos héroes como Bonnie &
Clyde y una legión de padrinos que sembraron el terror a sangre y fuego. Como
era casi previsible, muy pronto la corrupción se apoderó de las conciencias
policiales.
De los agentes encargados de velar por la prohibición, un 35% terminaron
con sumarios abiertos por contrabando o complicidad con la mafia y, como era
previsible, muy pronto aparecieron las estadísticas nefastas: 30.000 muertos y
100.000 personas resultaron víctimas de ceguera, parálisis y otras
complicaciones por envenenamientos con el alcohol metílico y otros
adulterantes, a los que recurrían los bebedores desesperados. En 1933, cuando
Franklin D. Roosevelt derogó la Ley Seca, el crimen violento descendió dos
tercios. En Estados Unidos no se acabaron los borrachos, pero desaparecieron
los Al Capone.
El arma más efectiva contra los jefes del narcotráfico es arruinarles el
negocio. Y la única vía posible para hundirlos es legalizando el consumo. No se
trata de alentar el consumo, sino de controlarlo mejor, invirtiendo en campañas
efectivas de salud pública.