La publicidad diluye las distancias entre realidad
e irrealidad. La publicidad es el verdadero narcótico. La ficción artística o
literaria, muy al contrario, juega a reinterpretar la realidad a examinarla. La
publicidad, en cambio, pretende desfigurarla, presentarla de un modo favorable,
cortesano; no muestra la realidad: sólo la confunde. A las gentes de este
tiempo se nos hace difícil concebir cómo en otros siglosla humanidad aceptaba sin conflicto ideas
insostenibles desde el mas puro sentido común. Porejemplo, el Derecho divino de los reyes daba
por sentado que el soberano asumía el poder y lo asumía sabiamente, pormás que fuera deI dominio público que el
soberano en cuestión fuera a veces un perfecto mentecato, incluso un verdadero
tarado. El soberano podía ser un tonto, pero gozaba de poder absoluto y nadie
cuestionaba semejante paradoja.
Claro que si pensamos en la publicidad, verdadera
ideología de nuestro tiempo, no debería extrañarnos. Nosotros nos relacionamos
con ella a partir de una sumisión total y portanto irracional. En la publicidad, los que ostentan el producto
anunciado son jóvenes y hermosos y los que manejan el de la competencia son mas
viejos y mas feos. Los hombres que conducen coches caros tienen aspecto
invariablemente atractivo. Los jóvenes, por último, son siempre alegres y
dicharacheros, haciendoabstracción de
que la juventud resulta, en secreto, la etapa más circunspecta de la vida. Eso
por no hablar del mensaje machista que relaciona el uso de muchos productos con
la posesión de hembras inmarcesibles.
Sabemos que todas esas vinculaciones estéticas (y
a la postre morales) no las digiere nadie, pero las aceptamos sin conflicto,
deI mismo modo que en otras épocas se aceptaba sin conflicto que un
oligofrénico estuviera tocado por la varita de Dios y dictara mandamientos
sapientísimos. En el rondo no somos distintos, somos inertes receptores de
mensajes estúpidos, a pesar de que sabemos que son estúpidos, pero no nos
importa.
Si uno creyera en la publicidad, habría que
concluir que la familia media de este país disfruta de una vivienda unifamiliar
dotada de amplios ventanales y un bonito jardín donde juegan unos niños
invariablemente rubios. Pero aun más divertidos son los anuncios de comida rápida,
en los que la mentira doméstica se lleva hasta el extremo. Los platos de comida
rápida, de comida basura, se presentan en la publicidad con una delicadeza
propia de la alta cocina, mientras que su realidad resulta bastante más
prosaica. Sin aroma especial, mas allá de la fritanga.
Pedro Ugarte, El País, 29.05.04
I.
VERSION (sur 20 points)
Traduire depuis : « Nosotros nos relacionamos…» jusqu’à « …hembras inmarcesibles».
II.
QUESTIONS ( sur 40 points)
1-
Question de compréhension du texte
Aclare en su contexto la siguiente
afirmación de Pedro Ugarte: "En el fondo no somos distintos, somos inertes
receptores de mensajes estl1pidos".
(150 mots + ou - 10% *; sur 20
points)
2- Question d'expression personnelle
¿En qué medida comparte usted el punto de
vista del articulista cuando dictamina que la publicidad es "la verdadera
ideología de nuestro tiempo"? Argumente su parecer con ejemplos precisos.
(250 mots + ou - 10% *; sur 20 points)
* Le
non-respect de ces normes sera sanctionné.
(Indiquer
le nombre de mots sur la copie après chaque question).
III. THEME GRAMMATICAL (sur 20 points).
Ils avaient proposé que l’on soigne les malades de
la grippe dans des centres spécialisés.
C’était en mangeant équilibré qu’il était parvenu à
être en forme.
Quelle bonne idée ! N’oubliez pas de leur en
faire part dès que possible.
Reconnaissons-le : la campagne de vaccination
française a été un échec
Nous
investirons dans les matières premières dès que nous pourrons le faire.
Si les fruits et les légumes étaient moins chers,
plus de personnes en consommeraient.
Les habitants du quartier craignaient que les prix
de l’immobilier ne continuent à monter.
Nous aurions dû le lui dire dès son arrivée.
Préparons nous à subir les effets dela crise pendant longtemps encore.
Plus les taux d’intérêt diminueront, plus le marché
sera dynamique.